BASTA DE AGRESIONES MACHISTAS: NI EN CASA, NI EN EL TRABAJO, NI EN NUESTROS ÚTEROS

Los datos indican que, en lo que llevamos de año, 9 mujeres han sido asesinadas, y de ellas, por lo menos 5 han sido víctimas de la violencia machista. Es decir, que las han matado aquellos que algún día les dijeron que las querían.

No hace tanto que las mujeres éramos propiedades del padre hasta que pasábamos al marido. Puede decirse que hemos avanzado, no seremos nosotras quienes lo neguemos. Pero no ha pasado tanto tiempo como para que se haya olvidado, y los que añoran esos tiempos hayan desaparecido.

Algunas dirán que los tiempos han cambiado y esto ya no es así, pero las estadísticas (con sus mentiras y sus verdades) dicen que en las parejas jóvenes, han aumentado los casos de maltrato (ya no tanto físico como psicológico, el abuso del siglo XXI), cualquiera de las que tenemos cerca tanto chicas como chicos jóvenes, sabemos que están brutalmente imbuidos de los roles de género que no son más que constructos exclusivamente sociales. No es verdad aquello de que “las niñas ya no quieren ser princesas” los disfraces, los regalos, los piropos, todo lo desmiente…que los niños empiezan a usar “maricón” como insulto antes de saber siquiera lo que significa…

Vivimos en un medio machista. El sistema es machista. No porque trate bien a los hombres y mal a las mujeres. El sistema utiliza a la opresión sobre un género (el estereotipo del macho) para someter al otro. Podríamos citar la letra de una canción para definir al y a la machista como “quien utiliza sus propias cadenas para dominar”. De hecho, muchas mujeres son mayores aliadas del machismo que los hombres que las rodean. Esto, unido a que la mayor parte de la gente se siente a gusto cumpliendo y transmitiendo las expectativas que les imponen en base a su sexo,  obedece a un sistema de roles en base al género, roles que establecen que el varón es el individuo fuerte, el macho alfa, que como tal debe someter a la hembra, débil y dependiente. Entendemos que el estereotipo del macho también oprime al hombre, pero a la vez le otorga un mayor “campo de acción” (no se puede hablar de libertad con límites), una mayor capacidad de decisión y, en definitiva, una mayor condición de individuo adulto que le niega a las mujeres.

En el actual contexto de “crisis”, nos encontramos que los derechos que muchos creíangarantizados por la democracia, ni lo son ni lo están tanto. Resultan ser más bien concesiones de las que podemos disfrutar dependiendo del clima económico, del partido en el poder y de nuestra capacidad de presión en la calle. Algunas de estas concesiones se enmarcan en el ámbito económico, otras en el social, sanitario…la que ahora nos ocupa, el aborto, puede incluirse en este último, pero tiene un matiz que lo distingue de otras: la cuestión de género, ya que sólo los individuos de un género son susceptibles de sufrir sus consecuencias físicas. Y cuando hablamos de género, no podemos evitar hablar de violencia machista.

La violencia machista no sólo se circunscribe a palizas o asesinatos. Violencia machista es decir que “la libertad de la maternidad es la que hace a las mujeres auténticamente mujeres”. No creo que haya que extenderse demasiado en analizar esta frase: las mujeres somos meros aparatos reproductivos, las que no queremos ser madres no debemos ser mujeres. Manda güevos, toda la vida reduciéndonos a un culo y unas tetas, y resulta que en realidad sólo éramos un útero. Y además tiene la desfachatez de hablar de libertad, es como hablar de la libertad de nacer ¿alguien te ha preguntado si querías venir al mundo?

Violencia machista es arrebatarnos el poder de decidir sobre nuestros cuerpos. No ya sobre el hecho de traer una persona a este mundo que es bastante, nos hagamos o no cargo de ella, sino someternos a la violencia de sufrir durante 9 meses un proceso físico que no deseamos. Esto, por más que escandalice a los “pro-vida” (la de los no nacidos, antes de nada), es comparable a una enfermedad: tu estado físico se va a ver alterado durante toda la gestación, sufrirás una serie de “síntomas” de sobra conocidos, tu salud puede correr  serios riesgos…también hay quien lo define como una violación de 9 meses. Imagínense.

En algunos casos la mujer asume la maternidad impuesta (muchas veces parejas consolidadas, no tantas madres solteras). Bien, también hay muchas mujeres que defienden el derecho al aborto y sin embargo, piensan que serían incapaces de interrumpir su propio embarazo. También abundan los testimonios de mujeres que deciden ser madres porque creen que tienen que serlo, y después se encuentran con que no era eso lo que deseaban -volvemos a la frustración por el cumplimiento de los roles de género, pero no insistiremos otra vez  en este concepto-. En la infinidad de circunstancias en las que un embarazo se puede dar, la elección cambia de una mujer a otra. Infinidad de circunstancias e infinidad de motivos: no es cierto que el aborto esté motivado sólo por causas económicas o por falta de apoyo familiar, simplemente no queremos ser madres. Algunas no queremos serlo aún y otras aspiramos a no serlo nunca.

Que falla la educación sexual es un hecho innegable, no sólo en el ámbito de evitar el embarazo sino en casi todos ellos. Pero esto no es excusa, ya que no hay un método anticonceptivo seguro al 100% (de nuevo, no nos perderemos en enumerar las “bondades” de ciertos métodos como los hormonales). Por todo esto y más, que sólo una mujer sea obligada a sufrir un embarazo no deseado ya nos parece sacrificio suficiente como para poner a nuestro alcance todos los recursos necesarios para que no suceda.

Ni qué decir tiene el hecho de que la ilegalización del aborto no disminuye el número de intervenciones (las cifras afirman, de igual manera, que su legalización no hace que este aumente), lo que marca la diferencia es el número de mujeres (¡como siempre, las pobres!) que mueren o sufren graves lesiones al intentar abortar de forma clandestina.

No existe la libertad de nacer; tampoco la de nacer como varón o como hembra. Existe la libertad cuando se puede elegir, no sólo si queremos o no queremos, sino cómo y cuándo. La libertad, sólo podemos ejercerla los ya nacidos. Y eso es lo que esta nueva reforma en la ley dice defender pero nos niega, cometiendo un nuevo ataque  hacia todas las mujeres –y hacia nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestra capacidad de decisión como personas conscientes- pero también hacia todos los hombres, ya que en una sociedad justa, humana, el bienestar de cada uno debe ser el de todas y viceversa.

 

POR UNA MATERNIDAD LIBRE Y CONSCIENTE. POR EL DERECHO A ELEGIR NO SER MADRES

PARA QUE EL ABORTO NO SE CONVIERTA EN PRIVILEGIO DE LAS RICAS Y LA CONDENA DE LAS POBRES

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